Ebrio y conduciendo un coche robado por el centro de Madrid

Posted by yhandros | Sin Categoría | Lunes 23 Marzo 2009 12:09 pm

Los títulos hay que ponerlos así, que impacten, que llamen la antención y que informen, que no lleven a engaño para que quien decida seguir leyendo no se defraude.

DetenidoEl concierto de los Judas+Megadeth en Leganés estuvo muy bien (de los Testament no llegué a distinguir una nota, vaya un sonido malo, por dios), bebimos, nos reimos y agitamos nuestros cuerpecillos al son de las tonadillas. Bebimos y bebimos y bebimos. Al salir, sopesamos la idea de coger un taxi hacia algún bar donde se pudiera estar tranquilo y seguir pribando como animales, pero lo siguiente que recuerdo es estar al volante de mi coche (ahh, por aquel entonces creía que era mi coche, cuán equivocado estaba) conduciendo y haciendo quiebros extraños por los Madriles, saltando medianas, cambios de sentido cruzando líneas contínuas y cosas de esas que no debéis hacer en casa, niños. Llegamos a un bar medio heavylongo, el TNT, creo, que venía a ser como un Reempalme, pero en Madrid, y por tanto, más rancio, y seguimos mojándonos por dentro a buen ritmo. A las 5 a.m. nos echaron del bar, no nos dejaron sacar la bebida a la calle (qué gente más rara) y volvimos de camino al coche. Todo iba a terminar bien, la victoria estaba próxima como decía la voz en off del SDLA, sólo teníamos que llegar a Móstoles a dejar a una muchacha pequeñita en su casa, cuando de pronto… no puedo seguir, el miedo y las lágrimas me nublan la vista… las campanas del infierno resonaron en mi cabeza cuando ví a 5 o 6 o 600 nacionales con sus pirulos fluorescentes haciéndome señales obscenas, enseñándome sus colmillos, salivando por el banquete de carne humana que estaban apunto de disfrutar… Pensé: “Que no te vean llorar, viejo, que no te vean llorar”, me hice un nudo en la garganta con mis propios intestinos y afronté la situación como mejor supe. Ah, sí, me lo hice encima, también. Paré mi coche (seguía creyendo que era mío) y me encomendé a mis dioses favoritos.

“Documentación”, solicitó el amable y joven agente (cada vez salen más jóvenes de las academias) mientras un compañero suyo jugaba con su pirulo fluorescente: “mirad, tengo un sable de luz!!”, decía. Entregué la documentación del coche, obediente. Contestamos que no, que no llevabamos sustancias extrañas -y esta vez era verdad- y les dejamos nuestros DNIs, también. Como la cosa se alargaba, empecé a sentirme inquieto, por que algo no olía del todo bien y nosotros nos habíamos cambiado después del concierto e íbamos con las ventanillas bajadas. “¿El coche es suyo?”, me preguntó con picardía el agente, intentando liarme para que le dijera que no, “es que aparece con una denuncia pendiente por robo”… entonces, mis pupilas se dilataron, me proporcionaron un efecto de esos de zoom tan chulos que se usan ahora en el cine, mientras la imagen del agente se enfocaba y desenfocaba a la vez y el plano se acercaba o alejaba… no tengo muy claro cómo funciona, pero seguro que Tappy sabe a qué me refiero. Las campanas del infierno tañeron en mi hipotálamo por última vez, mi corazón se me escapó por la boca y huyó, cobarde, buscando un dueño que tuviera los papeles del coche en regla, supongo. Echándose mano a la 9mm, me pidieron que bajara a abrir el maletero, por si ocultaba algún cadáver u otro bien sin declarar o que no estuviera regulado con algún impuesto.
Como no podían comprobar a nombre de quién estaba el coche, tuvimos que ser escoltados, como delincuentes peligrosos, por dos coches patrulla, a la comisaría de Alcorcón.

Lo que pasó después no es apto para gentes sensibles, amados míos, y además me estoy aperreando de tanto escribir. Basta con saber que todo terminó bien, la niña fue devuelta a su hogar y actualmente cursa sus últimas asignaturas de la carrera con total normalildad, el niño melenudo durmió todo el camino de vuelta a casa, como un bendito, Tappy demostró su valía, una vez más, sacándonos del infierno de autovías que se entrecruzan y se vuelven a entrecruzar sin orden aparente… y un servidor de ustedes llegó a su casa con una experiencia más que contar, con su coche, e ira homicida que descargar sobre el concesionario que me vendió un coche robado, y al final, llegó a ser rey por sus propios medios… pero eso es otra historia…