La policía vela por nosotros también…
Tengo el dudoso honor y la increible osadía de intentar emular a maese Nergal (aka el niño que tenía que estudiar) y continuar su obra con otro post contando simpáticas anectodillas relacionadas con el servicio y la seguridad que proporcionan al ciudadano de a pie esos seres de azules, blancos y amarillos fosforitos.
Y es que yo pensaba que cuando aparcabas en doble fila, y el dueño de un vehículo atrapado por el tuyo llamaba a la policía, te llevabas una multa… pues no, ahora se lo que pasa en realidad:
20:00 horas (en la costa este algunas menos), (en la costa oeste algunas menos más), me disponía después de un duro día de trabajo, de esos que terminas hasta las pelotas de todo y todos y sólo quieres llegar a casa a sentarte delante de tu muy nueva máquina (¿ah? ¿que no lo he contado todavía?, me lo apunto para otro post, ¡¡la página se escribe sola, señores!!) me disponía, decía, a recoger el coche aparcado correctísimamente en la Avda. San Juan de la cruz, el Infante, Murcia. Iba a bajarme del coche de mi novia que me había hecho el favor de acercarme al sitio cuando me dice: “creo que no lo vas a poder sacar”. Efectivamente, un enorme, sucio, lleno de mierda su interior y por lo demás fabuloso BMW 5ypico estaba justo delante del mío, en doble fila, y pese a lo ágil y maniobrable de mi Hyundai Atos, no había manera humana o no humana de sacarlo de ahí.
Total, que tras unos minutejos observando atentamente los interiores de los establecimientos cercanos, mientras que presionaba diligentemente y con (todo hay que decirlo) cierto buen gusto rítmico, el claxon de mi Atos, y ver que lo único que conseguía era llamar la atención de todos menos la del dueño del coche, llamé al 112 para que me pasaran con la policía local (que, por si alguien se me ha despistado, está en la misma avenida, a unos 500 metros) para que me dieran una solución. Tras unos breves 15 minutos (seguramente tendrían algún donut a medio) y algunos empujones más al BMW (descubriendo de paso que el maletero estaba abierto) aparece una lechera de los locales, y se bajan tres energúmenos del coche, y el diálogo fue algo tal que así:
Yo: Buenas noches.
El bueno el feo y el otro: …
Pensé… tal vez son de la patrulla esa que hay por la integración y la igualdad, de policías sordomudos… pero rápidamente me di cuenta de que entre ellos sí se hablaban. No se, tal vez esperaban ver un ministro con su Meresedes oficial obstaculizado por una camioneta de kinkis, y se llevaron una desilusión… o tal vez fueran sencillamente gilipollas, tal vez.
El caso es que, tras unos minutejos comprobando matrículas, abriendo el maletero para curiosear y dedicarme caras de amor sincero (como se hayan acabado los donuts para cuando volvamos, te empapelo, melenundo) se meten a los establecimientos de los alrededores y salen con un señor, de unos 55 años, que seguramente era la primera vez que aparcaba en doble fila (corroborando la conclusión que tuvimos en la web del buen Nergal, sobre primeros crímenes) y casi pidiéndole disculpas por mi inapropiada prisa y por haberle distraido de sus quehaceres en la tienda en la que estaba, le indicaron que quitara el coche.
Y ya está, eso es todo. Bueno, no, antes de irse, el más mandíbula fuerte de los tres, se me acerca y me dice (yo creía que se iba a liar a culatazos conmigo o a arrearme con la porra), a modo de regañina, que la próxima vez pregunte en todos los comercios.
Seguramente la culpa era mía por haber aparcado en un sitio detrás de donde después iba a dejar ese pobre hombre su coche en doble fila, no creáis que no lo he pensado. Un beso.
Que conste que el post lo estoy escribiendo a toro pasado, no quisiera engañuflar a nadie, como si todo esto estuviera ensayado y hubiera salido bien. No, niños, estas cosas nunca salen bien. Gracias a que se me ha caducado el dominio, y que, como es tradición ya,
Ahora que la mayoría de mis amigos y gentes varias que me rodean son frikis reconocidos y confesos, puedo quitarme la máscara: sí, lo soy, MALDITA SEA, y que levante la pezuña el que tenga algún problema, que se la corto.