Estamos de vuelta
Lo primero es lo primero: Feliz año nuevo a todos.
Hace algunos meses en un arranque, sin mucho pensar, decidí cerrar la bitácora. Tenía la seguridad de que no iba a escribir nunca más, de que no tenía nada interesante y/o agradable que escribir, y pensé que para seguir poniendo enlaces “chorras” a videos de youtube, mejor lo dejaba. Además, para escribir, aunque sea de vez en cuando, hay que tener ánimo de sentarse, ordenar un poco las ideas para intentar plasmar alguna. Y resulta que no he podido estar sentado media hora seguida, y orden en mis ideas ha sido algo que he echado en falta últimamente.
Han sido unos meses… intensos. No he parado por casa, prácticamente ni para comer o cenar. He dormido poco, no por insomnio (nunca he tenido ese tipo de problemas) sino por falta de tiempo. He gastado mucho, pero mucho, mucho. No he visto la tele, ni he hecho uso del sofá del salón o del sillón de mi habitación. No he jugado a nada en el PC. He intentado pensar lo mínimo posible, he ignorado cualquier problema o preocupación hasta tal punto que había entrado en una vorágine de “medaigualismo” bastante peligrosa y he cometido alguna estupidez. He estado corriendo de un lugar a otro sin rumbo, buscando no sé exactamente qué, pero obviamente no lo he encontrado. Por encima de todo he intentado no estar solo nunca.
Al final (porque siempre hay un final) mi cuerpo dijo “basta”, y no pude continuar, caí enfermo.
Sigo tan vacío y falto de objetivos como estos últimos meses, pero sí que empiezo a vislumbrar algo. Seguramente sean las esperanzas puestas en el nuevo año lo que me esté tranquilizando un poco. Tal vez la semana y media que he permanecido encerrado en casa por culpa de una gripe-catarro-loquesea me haya hecho recapacitar, si bien no soy consciente de haberlo hecho. O sencillamente se ha acostumbrado el cuerpo a estar en un mismo lugar, o ha bajado el ritmo por la enfermedad ésta de la que aún no estoy curado del todo. Da igual: no tengo ni idea de por qué, pero estoy más tranquilo.
Con todo este rollo quería yo comunicar que reabro el blog. No prometo nada, pero al menos tengo la intención de escribir de vez en cuando.
Estamos de vuelta.

El concierto de los Judas+Megadeth en Leganés estuvo muy bien (de los Testament no llegué a distinguir una nota, vaya un sonido malo, por dios), bebimos, nos reimos y agitamos nuestros cuerpecillos al son de las tonadillas. Bebimos y bebimos y bebimos. Al salir, sopesamos la idea de coger un taxi hacia algún bar donde se pudiera estar tranquilo y seguir pribando como animales, pero lo siguiente que recuerdo es estar al volante de mi coche (ahh, por aquel entonces creía que era mi coche, cuán equivocado estaba) conduciendo y haciendo quiebros extraños por los Madriles, saltando medianas, cambios de sentido cruzando líneas contínuas y cosas de esas que no debéis hacer en casa, niños. Llegamos a un bar medio heavylongo, el TNT, creo, que venía a ser como un Reempalme, pero en Madrid, y por tanto, más rancio, y seguimos mojándonos por dentro a buen ritmo. A las 5 a.m. nos echaron del bar, no nos dejaron sacar la bebida a la calle (qué gente más rara) y volvimos de camino al coche. Todo iba a terminar bien, la victoria estaba próxima como decía la voz en off del SDLA, sólo teníamos que llegar a Móstoles a dejar a una muchacha pequeñita en su casa, cuando de pronto… no puedo seguir, el miedo y las lágrimas me nublan la vista… las campanas del infierno resonaron en mi cabeza cuando ví a 5 o 6 o 600 nacionales con sus pirulos fluorescentes haciéndome señales obscenas, enseñándome sus colmillos, salivando por el banquete de carne humana que estaban apunto de disfrutar… Pensé: “Que no te vean llorar, viejo, que no te vean llorar”, me hice un nudo en la garganta con mis propios intestinos y afronté la situación como mejor supe. Ah, sí, me lo hice encima, también. Paré mi coche (seguía creyendo que era mío) y me encomendé a mis dioses favoritos.