Objetivos
Es bastante curioso como la vida da vueltas, como juega contigo y tus pretensiones, te las ofrece y te las quita cuando casi vas a tocarlas con las puntas de los dedos. Luego te rindes, haces como que pierdes el interés, y finalmente las olvidas… Entonces la vida, juguetona ella, hace que te tropieces con aquello que querías, tranquilo ahora, sin ansiedad. En este momento, a salvo de la ofuscación con la que te cegaba tu obsesión, eres capaz de analizar y elegir correctamente. O tal vez no. Siempre tenemos derecho a equivocarnos.
¿Debemos entonces dejar de perseguir lo que deseamos? ¿Nos blindamos ante los azares de esta vida caprichosa y nos protegemos no deseando nada? ¿Nos quedamos sentados esperando que algo bueno nos llegue y nos conformamos? Obviamente no, necesitamos de esos deseos, esos objetivos, para poder vivir, tanto como necesitamos del aire para respirar. Hay que ser objetivo con el fracaso al igual que se es con el resto de cosas. No hay que darle más importancia de la que tiene. Hay que huir del pesimismo y continuar, porque después del fracaso tienes más objetivos que quieres alcanzar.

